La ofensiva franquista sobre Bizkaia

El 31 de marzo de 1937 dio comienzo la ofensiva franquista sobre Bizkaia. Su conquista y la del resto de territorio vasco por parte de Franco, y que supuso la posterior pérdida de todo el Frente Norte republicano, marcó la inflexión de la Guerra Civil española.

Franco necesitaba tener el territorio vasco bajo su control por varias razones clave para lograr su victoria final:

Estratégica. Con su conquista, Franco liberaba una masa importante de tropa y material necesaria para desequilibrar a su favor todo el frente de guerra del norte.

Militar. El mando rebelde nunca dudó en volcar su esfuerzo bélico en el frente vasco. Los motivos, la importancia del objetivo y el favorable desequilibrio de sus fuerzas respecto al enemigo. También contaba con las innovadoras tácticas y la ayuda aérea y terrestre aportada por Alemania e Italia.

Económica. Para el mantenimiento de su economía de guerra. Bizkaia era una de las provincias de mayor riqueza económica en España con sus industrias siderúrgicas y navales. También constituía uno de los focos de productividad metalúrgica más fuertes de España.

Político-social. Con una nada desdeñable masa social de tendencias religiosa católica y política de derechas en Bizkaia. Muchos de los principales elementos de esta masa social se encontraban recluidos en las prisiones republicanas. Si podían ser liberados con prontitud, se volcarían en su apoyo a la causa rebelde.

Euskadi en llamas

Euskadi en llamas

Fe completa en el triunfo

Franco lanzó al principio de la Guerra Civil la consigna “Fe completa en el triunfo”. La misma fe que salvaría a España, según sus seguidores. Cabe preguntarse si las decisiones que exteriorizó Franco para alcanzar su triunfo fueron de calidad superior en valor a otras decisiones tomadas por sus subordinados y enemigos (1). Si la decisión de Franco de tomar Bilbao fue valerosa, también fue estudiada y preparada a conciencia. El militar sublevado se enfrentaba no solamente a un ejército enemigo, sino a una ciudad rodeada de un sistema defensivo, conocido para la posteridad como Cinturón de Hierro.

La creación de dicho cinturón defensivo se remontaba al inicio de la Guerra Civil española. La Junta de Defensa de Bizkaia, presidida por el gobernador José Echevarría Novoa, propuso en el verano de 1936 la construcción de un campo atrincherado en los alrededores de Bilbao. Era una forma de prevención a una posible invasión de las tropas sublevadas el 18 de julio. El 1 de octubre de 1936 el Gobierno de la Republica concedió el estatuto de autonomía al País Vasco. Con la formación del Gobierno Provisional de Euzkadi, su presidente José Antonio Aguirre también asumió la consejería de Defensa. Con él cobró un impulso definitivo el proyecto del Cinturón de Bilbao.

La ofensiva franquista sobre Bizkaia

La Gran Guerra había demostrado una gran verdad en el aspecto militar: la potencialidad de fuego. Debido al estancamiento de los frentes europeos, éstos debieron defenderse con novedosos sistemas de construcción militar. Y la potencialidad de fuego era el único medio viable para abrir brecha en las líneas enemigas. Para conquistar Bilbao, Franco necesitó de un excelente armamento y de una técnica militar perfecta. Con estos factores consiguió la potencialidad de fuego. Pero ésta estaba condenada al más rotundo fracaso si no iba unida a una sólida moral combativa y a un ideal elevado.

Franco también debía enfrentarse a una construcción llevada a cabo en pocos meses. El Cinturón de Hierro reunía dos condiciones indispensables en su sistema defensivo: amplitud y longitud que permitían una defensa sólida. Su gran espacio podía albergar, lejos del alcance de la artillería enemiga, los servicios necesarios para una ciudad como Bilbao y pueblos de su entorno. Dentro de su perímetro contaba con centrales eléctricas, embalse, puerto marítimo y aeródromos.

La ofensiva nacional contra Bizkaia no sólo estuvo compuesta por las acciones militares terrestre y aérea. A estas se les unió la acción de la potente marina nacional, que navegaba a sus anchas por todo el litoral cantábrico. Se aprovechaba del miedo a entablar combate en mar abierto de la escasa flota republicana, amarrada en su totalidad en el puerto exterior de Bilbao. Con esta superioridad marítima, los buques nacionales sometían a la capital vizcaína a un férreo bloqueo que casi no permitía la entrada en el puerto de armas y de víveres.

Los rompedores de bloqueo

Bilbao nunca quedó del todo aislada del exterior.  Su salida al mar, asegurada por baterías costeras de largo alcance, le permitió aprovisionarse, aunque a duras penas, durante la guerra. Pero llegó un momento en que la población y el ejército se encontraban al borde del colapso por la falta de víveres. El Gobierno vasco se propuso en el mes de abril de 1937 recompensar a todo mercante extranjero que se atreviera a burlar el bloqueo. En su mayoría mercantes bajo bandera británica, amparados por la armada de guerra británica que les escoltaba hasta el límite de las tres millas. Una vez dentro de estas tres millas, amparados por las baterías de costa republicanas, estas naves y sus bravos capitanes salvaron de morir de hambre a la población vizcaína. Ante la impotencia de los buques de guerra nacionales, el Gobierno franquista elevó sus quejas hasta el Comité Internacional de No-intervención.

Algunos barcos mercantes extranjeros consiguieron burlar el bloqueo nacional y entrar en el puerto de Bilbao con sus cargamentos de víveres y materias primas. Pero no abandonaban la ciudad con sus bodegas vacías. Ante la inminente caída de Bilbao, el Gobierno vasco organizó con antelación y mucha precisión la evacuación tanto de personas como de bienes y valores monetarios. Amparados por la flota de guerra británica, los mercantes lograron con su arrojo salvaguardar la vida de miles de niños, mujeres y hombres que iniciaban así su camino hacia el exilio.

Backworth, a british food-ship for Bilbao

Backworth, a british food-ship for Bilbao

La aportación de la Prensa internacional

Casi todos los países del mundo deseaban estar informados al momento de lo que ocurría en Bilbao. Eran conscientes de la importancia del hecho y de las repercusiones internacionales que ello conllevaba. Los corresponsales de guerra y las agencias de noticias internacionales, tanto desde el bando republicano como franquista, aportaron con sus crónicas a los periódicos de todo el mundo la más efectiva y rápida fuente historiográfica.

La información sobre la guerra en el Norte republicano fue seguida muy de cerca por todos los medios internacionales. Los corresponsales tanto nacionales como extranjeros de agencias de noticias siempre se movieron con relativa libertad por todo su territorio. Aparte, el Gobierno vasco supo ver las posibilidades y manejar desde un principio el concepto de propaganda para su causa. Contrató a profesionales como David Chim Seymour, que llegó a Bilbao en diciembre de 1936, y a Robert Capa, que llegó a primeros de mayo del año siguiente.

Notas

(1) Napoleón lo llamaba “el valor de las dos de la madrugada”.

Dibujo de Antonio Hernández Palacios, “1936, Euskadi en llamas”.

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