El Euzkadi Group, coros y danzas vascas en los Estados Unidos

En marzo de 1954 Jesús Galíndez, profesor de Derecho Público Hispanoamericano y de Historia de la Civilización Iberoamericana en la Universidad de Columbia, contaba para un programa de televisión neoyorquino la historia de cómo había ganado su primer dólar en tierras americanas.

1954ko martxoan Jesús Galíndez-ek, Columbiako Unibertsitatean Espainia-Amerikako zuzenbide publiko eta Hegoaldeko Zibilizazioaren Historia irakaslea zenak, NY-eko telebista saio batean Amerikako lurraldeetan bere lehenengo dolarra nola irabazia zuen adierazi zuen.

In March 1954 Jesús Galíndez, who was a Professor of Spanish-American public law and History of Ibero-American civilization in the University of Columbia, expressed how earned his first American dollar in a tv program of New York.

Aunque nadie lo crea o pueda tal vez parecer insólito, Jesús Galíndez ganó su primer dólar en América cantando con un coro en un funeral. Fue un dólar dominicano, a principios de los años 40 en la República Dominicana, país al que llegó como refugiado en noviembre de 1939 escapando de la Guerra Civil española y del exilio francés. Con 24 años, soltero y de profesión abogado y profesor, desembarcaba del vapor Borinquen que lo había traído desde Francia para asentarse en Ciudad Trujillo, el nuevo nombre dado a Santo Domingo, capital del país, por el dictador Rafael Leónidas Trujillo.

El Orfeón Vasco

Aquel pequeño coro formado por refugiados vascos fue improvisado por su amigo Jon Oñatibia, al que Galíndez conocía desde hacía años, con motivo de una conferencia a la que asistieron y a la cual ilustraron con música vasca. Fue tal el éxito que les contrataron para el funeral. Los caminos de estos dos amigos se volvían a encontrar de nuevo, esta vez en el exilio caribeño, al que Oñatibia llegaría un mes más tarde que su amigo, en diciembre de 1939 a bordo del vapor De la Salle. Con 28 años y soltero, también se asentaría en la capital.

El prestigioso coro recibió el nombre de Orfeón Vasco y en idioma vasco cantaban los doce que lo formaban. Galíndez confesó en el programa de televisión que tenían suerte de que los dominicanos no les entendieran porque, aunque ponían caras muy tristes en los funerales, cantaban desde canciones de cuna hasta canciones de marineros, de amor y de Navidad. Eso sí, siempre a dólar por cabeza.

Oñatibia en los Estados Unidos

Después de su estancia por tierras dominicanas y caribeñas, Galíndez y Oñatibia marcharon a los Estados Unidos. El primero se asentó en Nueva York a principios de 1946, cuando el presidente Aguirre le ofreció un puesto en la delegación vasca ante la ONU. Oñatibia, en cambio, se ganaba la vida como podía, aunque su máxima ilusión la ponía en la dirección del Euzkadi Group (Grupo Euzkadi), un grupo profesional de coros y danzas que recorría los Estados Unidos desde 1951, al igual que hacía Saski Naski en Argentina desde 1946 bajo la dirección de Luis Mújica y al igual que hiciera Eresoinka durante la Guerra Civil española.

No todos sus integrantes eran vascos, pero vascos tenían que ser los bailarines ya que, si no, era imposible ejecutar los brincos del aurresku o la ezpatadantza, danza ésta de significación guerrera cuyo ritmo original y cambiante evoca simulacros de lucha y donde los bailarines saltan agitando unas simbólicas espadas. Esta danza había llegado a tal popularidad en el País Vasco que en 1935 llegó a ser bailada en Bilbao por 2.200 ezpatadantzaris al mismo tiempo.

El Euzkadi Group, coros y danzas vascas en los Estados Unidos

En la primavera de 1954 el Grupo Euzkadi debutó en la Academia de Música de Brooklyn (Brooklyn Academy of Music, BAM) ante un público bien heterogéneo entre los que se encontraba Galíndez. Una gran ovación estalló cuando la ikurriña salió a escena. Oñatibia dividió su concierto en dos partes: un recital de canto coral y una representación escénica en la que se alternaban bailes y solistas. Debido a exigencias de presupuesto, Oñatibia solía tener que reducir su orfeón, por lo que en grandes salones éste era insuficiente para lograr los efectos de la música coral vasca. Aun así, consiguió que todos los cantantes, hombres y mujeres vascos y no vascos, y todas las canciones hicieran vibrar a la audiencia de Brooklyn. Desde canciones de piratas como el “Jaiki-jaiki, euzkotarrak”, hasta canciones de romería como el “Bigarren kalez kale”, pasando por canciones de amor y canciones de cuna.

Tras el orfeón comenzó la representación escénica sin argumento alguno, en la que las escenas se sucedían únicamente ligadas por la vistosidad de las danzas. Desde la pintoresca mascarada de los remotos valles de Zuberoa, en clara referencia a la mascarada suletina, hasta la heróica ezpatadantza, el ceremonial aurresku, en que el muchacho más ágil brinda su arte ante la recién casada, y las populares romerías.

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Un guión sobre el País Vasco de Stewart Stern

Oñatibia, un muchacho de Oiartzun que prefería tocar el txistu a manejar los libros de leyes, no había aprendido aún a saludar con gesto profesional en el escenario. En cambio, consiguió que su grupo, abrigando la espontaneidad del folklore popular vasco, recorriera un año más las ciudades norteamericanas, desde Nueva York a San Francisco. El año anterior, en 1953, habían actuado en Boise, la capital del estado de Idaho, donde se concentra la gran mayoría de inmigrantes vascos estadounidenses.

Muchos de ellos no consiguieron entrada para el concierto contratado por una sociedad artística local. Pero después, el Grupo Euzkadi fue a cenar al centro vasco Euskaldunak y allí improvisaron una romería para todo el público en general. Como anécdota, ningún estudio de Hollywood se decidió a filmar una película cuyo guión había preparado Stewart Stern, el cual se pasó varias semanas en el País Vasco para escribirlo y cuyo protagonista era un borreguero de Idaho. Stern, sobrino de Adolph Zukor (fundador de la Paramount Pictures), sería un afamado guionista de películas como “Rebelde sin causa”, con James Dean de protagonista.

Galíndez habla de los estadounidenses

Según Galíndez, la ignorancia sobre el pueblo vasco en Estados Unidos era deliciosa, aunque éste mantenía su fortaleza intacta basada en dos entidades individuales que se complementaban: la del “cashero” que hereda la granja familiar y mantiene la tradición, y la del emigrante que recorre el mundo. Cada cual conocía su misión, y así lo expresaban por medio del folklore al mundo entero. No importaba que en algún programa de la televisión estadounidense los bailarines del Grupo Euzkadi fueran encajonados entre un anuncio de la crema Max Factor y otro de medias de nylon.

En el primer anuncio la presentadora daba consejos de belleza a una ama de casa y no se le ocurría otra cosa para estilizar la figura de su invitada que recomendarle un baile vasco, el fandango. Como dejara escrito Galíndez, “¡Las hubiera matado a las dos cuando empezaron a imitar las ondulaciones del fandango andaluz! Había que ver su sorpresa cuando nuestros muchachos arrancaron a toda velocidad con el nuestro. Bien es verdad que la culpa es nuestra, por llamar fandango a ese torneo de piernas y agilidad”.

El profesor y agente encubierto del FBI Jesús Galíndez desapareció para siempre en 1956, raptado y asesinado por orden del dictador Trujillo. Su relevo al frente de la delegación vasca en Estados Unidos fue asumido por su amigo Oñatibia en 1957. Un año después, el nuevo delegado sería presentado ante la familia Rockefeller con la intención de que alguna de las fundaciones de la poderosa familia se hiciera cargo de la conservación y el fomento de la lengua vasca en los Estados Unidos.

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